Acepta las situaciones. Disfrázate en carnaval. Haz frente a tus errores. Repite mil veces todo lo que le quieres por mucho que lo hayas dicho ya. Respira hondo. Camina como una modelo. Besa a la mayoría de personas que puedas. Ríete extremadamente de todo. Emborráchate. Rompe la dieta. Habla horas por teléfono. Deja que piensen que estás loca. Baila…De la forma que sea, pero baila. Canta en la ducha. Desobedece. Sácate fotos. Aprueba. Suspende. Escucha música hasta que te quedes sorda. Cáete de una silla. Practica tu deporte favorito. Pónle tílde á lo que té de lá ganá. Recuerda canciones viejas. Echa miradas por la calle. Viaja. Siente mariposas en el estómago. Llora. Vive igual que un beso detrás de la oreja... Igual que morder una guindilla, besar labios desconocidos o un final inesperado...
La vida es puta, la realidad bruta.
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11 de abril de 2012
4 de noviembre de 2011
Hoy también me voy a comer el mundo:
Se pinta los labios como todos los días, rojo pasión. La raya al ojo muy fina, delicada y muy bien pintada, como siempre. El rimel que no falte. Pelo despeinado. Duda entre los vaqueros rotos y los oscuros. Se decide por los rotos y la camiseta de Estados Unidos -siempre le gustó ese conjunto-. Botines oscuros y cazadora a juego.
Otro día más sale de casa con ganas de comerse el mundo.
2 de septiembre de 2011
Aceras del mundo:
Ella se pinta los labios de color rojo para que nunca se borren sus besos. El resto de carmín que deja en otras pieles sólo es un simple tatuaje que dura un par de días.
Mira al cielo y empieza a andar con esos pequeños pies firmes, que siempre dejan huella aunque no haya barro. Sus uñas, pintadas de cualquier color, decoran el final de sus dedos, enfundados en unas sandalias de cuero ya gastadas de tanto andar por las aceras del mundo, a veces, éste se le queda pequeño.
El flequillo, cortado a su manera, los pitillos, desgastados y esas manos, siempre llenas de anillos. Risa contagiosa e incapaz de contener.
Y así, con sus labios rojos, sus pequeños pies, ese flequillo y sus desgastados pantalones sigue su camino, siempre con una sonrisa pintada en la cara. Nunca se detiene, sólo para observar, bailar o pegar un gran salto.
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